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El concierto

Frente al puerto de Rogerswick, el 10 de octubre de 1808. A bordo de la HMS Circe.

Para vencer el tedio del bloqueo a la flota rusa, el capitán William Lukin, del Mars, no tuvo mejor ocurrencia que la de organizar un concierto donde participarían todos aquellos, en la flota, capaces de tocar los instrumentos correspondientes a la pieza musical elegida por sir James Saumarez, en su honor.
Nuestro vicealmirante vio con buenos ojos la iniciativa, y optó por una de Mozart, concretamente el tercer movimiento de la sublime 'Gran Partita'.

Ahí fue cuando comenzaron mis problemas.
Después de varios días de búsqueda de los músicos apropiados, mi teniente Jack Byron, que es incapaz de mantener el pico cerrado por mucho que le haya prevenido al respecto, comentó al primer oficial del Orion que yo tengo, en mi cabina, un fagot.
Precisamente el único instrumento que faltaba para formar la orquesta que tocaría en la gran cabina del Victory.

Mi experiencia con este instrumento se resumen a no más de una decena de clases con mi profesor de música, el señor Volkan, y alguna que otra práctica en alta mar cuando mi tiempo me lo permite.
Por tanto, soy plenamente consciente de que mi talento deja mucho que desear, e incluso llamarlo así, 'talento', es algo demasiado aventurado.

El caso es que, cuando corrí a buscarlo, casi me desmayo al preguntar a Vincenzo por él y recibir como respuesta que se "estaba secando".
Tras mantener la compostura mejor que en el alcázar cuando las balas vuelan sobre mi cabeza, le insté a mi sirviente a que me lo trajera de inmediato. Un minuto después ya lo tenía en mis manos.

Todo parecía en orden hasta que Vincenzo me informó que se había llenado de agua después del aguacero del otro día, pero que no me preocupara, que él, el carpintero y hasta el herrero de a bordo lo habían desmontado y vuelto a montar, limpiando con detenimiento cada parte del instrumento.
Tras un instante de duda, observando detenidamente el fagot por si fuera posible hacérselo tragar, le dejé marchar, aunque no me pude reprimir y le pateé el trasero justo cuando salía por la puerta.

Pero lo peor estaba por llegar.
El día señalado, acudimos a la cabina del buque insignia, todos con nuestras mejores galas, acompañado de mi primer oficial, el señor Lawyer. A Byron lo dejé de guardia el resto de la noche.
Nuestro vicealmirante nos recibió con gran educación, nos invitó a cenar, y tras disfrutar de la comida y la bebida (sobre todo esto último, ya que los nervios me impedían tomar bocado), llegó el momento del concierto.

Los primeros compases fueron bien, y los oficiales Dodds y Sieber demostraron ser auténticos maestros con el clarinete y el oboe respectivamente.
El capitán Lukin se encargó de llevar la batuta, mientras que por mi parte trataba de soplar discretamente, sin querer hacer más ruido del necesario.
Desgraciadamente, el señor Lukin se percató y me instó a que subiera el volumen señalándome con la batuta como si de una acusación se tratase. Para mala fortuna de todos accedí.

Aún no sé si lo peor fue mi poco virtuosismo o el chorro de agua que surgió de mi fagot y que alcanzó al contraalmirante Jackson en plena cara, pero lo cierto es que pasé una vergüenza horrorosa, siendo ya la guinda la mirada asesina que me dedicó Saumarez, al que le agarraba discretamente el capitán George Hope para que no se levantara y me arrojara por el ventanal.

De vuelta a la fragata, ya bien entrada la noche (subí por la escala de babor, para no llamar la atención), lancé el fagot al agua y me fui directamente al coy.
Sentía tanta vergüenza que no pude conciliar el sueño, y aún hoy no me he atrevido a salir a cubierta para exponerme a los ojos de toda la flota.

Eso sí, hace una hora, me ha llegado una carta del capitán Lukin en la que me daba las gracias por tomar parte ayer en el concierto. Además, me explicaba que sir Saumarez ha decidido que, hasta que termine el bloqueo, las piezas musicales que se toquen serán exclusivamente con instrumentos de cuerda.

2 comentarios:

SANTIAGO dijo...

Vaya pechá de reír con lo del fagot. Muy bueno. Aprovecho para felicitarte por tu santo.

Daniels dijo...

Gracias por lo del santo señor.
Me alegro que le haya gustado.