lunes

Bloqueo a Portugal

En la HMS Circe. El 19 de noviembre de 1807. Frente a Lisboa.

De locos. Esto es de locos.
Hace unos días me lamentaba amargamente en estas mismas páginas de mi situación, recién llegado de una misión no del todo satisfactoria y con la idea hecha de que el Almirantazgo tardaría mucho en entregarme un mando.

Apenas me había acomodado en Wood Fields, y paseaba por mi casa mirando el jardín y comprobando el estado de mis plantas y flores después de tantos días de ausencia, cuando un trote de caballo me alertó de que alguien se acercaba por el camino de Portsmouth.
Un joven, con la lengua literalmente fuera, me entregó una carta donde, para mi mayúscula sorpresa, me ordenaban que tomara de nuevo el mando de la Circe, la cual continuaba armada en Spithead.


En un tiempo record ya me encontraba en mi falúa rumbo a la fragata, donde todos trabajaban muy duro y se detuvieron sólo para la ceremonia de mi subida a bordo.
Ya en mi cabina releí las órdenes, y comprendí por qué he sido de nuevo asignado a esta fragata, la cual muestra un aspecto impecable gracias a la labor del teniente Byron, que en mi ausencia se ha encargado de pintarla y renovar paño y cabuyería.

El avance de las tropas de Napoleón hacia Lisboa parece que ha puesto nerviosas a las más altas instancias de Inglaterra, por lo que una potente flota con sir Sidney al frente partió hacia la capital de Portugal, ya que todavía no está del todo claro qué bando elegirá, y no sería bueno para nuestros intereses tener en contra todo el litoral ibérico en el Atlántico.

En compañía del 74 cañones Monarch, que al igual que nosotros se dirigía hacia el estuario del Tajo, navegamos a toda vela hasta avistar, en la mañana de ayer, la figura en el horizonte del potente Hibernia (120 bocas de fuego), buque insignia de la flota de bloqueo, en compañía del no menos poderoso London (98) y otras velas como los 74 Elizabeth, Conqueror, Marborough, Plantagenet, Bedford y, por último, el 80 Foudroyant.

La única fragata de esta pequeña gran flota es la mía, por lo que pronto entendí cuál sería la función de la Circe antes de que el propio Sidney me recibiera en la lujosa cabina del Hibernia y me diera mis nuevas órdenes, centradas especialmente en labores de entrega de mensajes y el vigilar de cerca la costa portuguesa.
Según parece Portugal, de momento, quiere mostrarse neutral, aunque pronto tendrá que decidir qué bando elige, con 40.000 franceses de un lado y muchos cientos de cañones ingleses apuntándoles desde las aguas
del Atlántico.

Por mi parte, y mientras navegamos a sotavento de la flota, repitiendo algún que otro mensaje del buque insignia, aprovecho para poner en orden los papeles que tengo sobre mi escritorio, mientras doy sorbos a la taza de café bien caliente que me ha preparado mi despensero Vicenzo, un hombre de gesto serio de más de 50 inviernos que navega conmigo desde hace ya muchos años y que pone mucho cuidado en que me encuentre cómodo.

En cuanto termine estas líneas, tendré que escribir a mi amada Lively Caster, residente en el puerto de Plymouth y que aún no sabe que abandoné Wood Fields para embarcarme en mi próxima misión.
El pensar en ella, en su extraordinaria belleza, me alegra el ánimo, y hace que sueñe con vivir en un futuro (espero) no muy lejano en su compañía mientras disfruto de sus innumerables encantos hasta la misma eternidad.

Ahora dejaré de escribir, llegan nuevos mensajes desde el buque insignia y no es bueno hacer esperar a un almirante.

6 comentarios:

John James dijo...

¿Ve usted como al final siempre sale el sol? Me alegra saberle de nuevo en su elemento vital, Capitán.

Capitán Daniels dijo...

Gracias señor James, espero verle pronto.

Jose Mangel dijo...

Repámpanos!

Ha dejado su antiguo barco en MySpace y vuelve con uno Made in Blogger... espero que al menos le vaya bien.

Capitán Daniels dijo...

Gracias señor Mangel, encantado de leerle y espero que continúe a bordo.

Un afectuoso saludo

Eris dijo...

Estimado Capitán:

Me alegra volver a saber que está usted 'en faena' A veces el trabajo puede mantenernos la cabeza ocupada para no pensar en nubes negras..

Atentamente

Eris, Duquesa de Demands

Capitán Daniels dijo...

En efecto duquesa, aunque como bien sabe la mayoría de las veces esas nubes se encuentran únicamente en nuestra cabeza.