domingo

Mala noticia

A la atención del almirante Daniels, en Bedford.

Querido padre:

He enviado esta carta apenas recibida la suya, por lo que le ruego que disculpe la brevedad de la misma.
Como sabrá, aquí en la costa de Portugal el general Wellesleyk y su fuerza expedicionaria se encuentra desembarcando para luchar contra el ejército francés, que recientemente ha sufrido una importante derrota en Bailén ante el español Castaños.
Por mi parte, me dedico a ayudar en la medida de lo posible con el desembarco de los más de 10.000 soldados que aquí se encuentran, con la práctica totalidad pisando ya tierra y a la espera del orden de marcha.
De hecho, he podido hablar con el teniente Byron, que se ha hecho muy amigo del general, y me ha dicho que éste parece algo nervioso y contrariado, y que no para de dar órdenes para que el proceso de desembarco se acelere en la medida de lo posible.
Aún desconocemos el por qué de la actitud del señor Wellesley, pero mi teniente, especialista en averiguar lo que se pretenda, me ha asegurado que tarde o temprano pondrá en mi conocimiento qué le pasa por la cabeza al general.

Pero no quiero extenderme más. Lo importante es que he recibido su carta donde me informa de que mi querido abuelo está enfermo, lo cual apena mi corazón. Espero que sepa disculpar mi ausencia, pero ahora mismo me resulta imposible viajar hasta Inglaterra, ya que debemos de permanecer aquí hasta que el ejército comience con su avance. Es por ello que le ruego que le transmita tanto a mi abuelo como a mi querida madre todos los ánimos que se pueden dar a través de una hoja de papel, y desear una pronta recuperación para la que es, sin duda, una de las personas más queridas por mí en este mundo.
Aún recuerdo cuando yo, con apenas cinco años, paseaba con él por la ribera del Támesis mientras me mostraba las diferentes embarcaciones allí fondeadas, y después, como colofón, me llevaba por todas las tabernas de Londres mientras continuaba con sus historias y me dejaba probar pequeños sorbos que terminaban con el pequeño Daniels dando tumbos de vuelta a casa.
No quiero extenderme más. Sólo quiero que la carta llegue cuanto antes.
Le ruego que me escriba lo antes posible para poder tranquilizar mi ánimo.

Sin más se despide, siempre suyo

Capitán Daniels, en la Bahía de Mondego. El 3 de agosto de 1808.

2 comentarios:

Salvador Díaz dijo...

Impresonante nivel está adquirirendo capitán!!!

CORCONTAS

Capitán Daniels dijo...

Muchas gracias Salvador.
Muy amable, como siempre.