miércoles

Persecución

En alta mar (en el Báltico), el 3 de diciembre de 1808. A bordo de la HMS Circe.

Durante toda la mañana he estado observando los juanetes del Heldige, perdiéndose más allá de las olas, enormes, grises, como tiburones gigantes y silenciosos con aletas de espuma.
Navegar por estas aguas es un reto. Si a esto añadimos que el bergantín danés ha tomado rumbo norte, el frío va en aumento y es poco menos que peligroso el mantenerse en el alcázar, ya que no pasa mucho tiempo sin que uno note cómo se va congelando su cuerpo poco a poco.

La captura del Heldige es una cuestión personal desde nuestro encuentro. Mis hombres así los sospechan, y me consta que hay descontento.
La idea era realizar una misión de crucero de dos semanas, y de momento sólo hemos apresado un pequeño balandro que arrió la vela como un gato asustado ante nuestros primeros cañonazos.
Mientras mis hombres cargaban a bordo lo necesario y el guardiamarina Bullet se preparaba para tomar el mando para llevar la embarcación a Karlskrona, interrogué a su capitán.
La mercancía, bastante valiosa (ámbar gris, pieles gruesas como maromas y un centenar de barriles de cerveza) poco me importaba, ya que lo que me interesaba especialmente era la información: ¿dónde estaba el Heldige?

El danés, un tipo enorme con brazos que le llevaban a la rodilla y unos ojos azules que me fulminaban (cada parpadeo era como un disparo), se negó a hablar, hasta que tras negociar y a condición de mantener su barco (con el posterior disgusto del señor Bullet), finalmente habló.
Me informó que el bergantín usa como puerto base Vordingborg (al sur de Zealand), y que probablemente se encontraría allí, ya que hace una semana se cruzó con él y le informó que echarían el ancla para aprovisionarse.

Tras despedirlo y con mucha vela en su jarcia, seguramente por si acaso, el balandro rápidamente se perdió de nuestra vista, y pusimos por tanto proa a Vordingbord con el objetivo de dar caza, ¡por fin!, al Heldige.

Llegamos cerca de la noche, y envié el cúter con el teniente Byron a bordo para inspeccionar el puerto y comprobar si se encontraba el bergantín, así como para observar las defensas de la ciudad.
Tras una tensa espera, finalmente el vigía dio aviso de que se acercaba el cúter, con Byron que subió con su acostumbrada habilidad para confirmarme que el bergantín se encontraba en puerto con el ancla echada.
Estaba rodeada de varias gabarras, sin presencia de barcos armados.
No pudo ver si había alguna batería de defensa en tierra firme, lo cual me preocupó.

No obstante, no había ni un minuto que perder, y despaché al propio Byron para atacar al Heldige a bordo del cúter, apoyado por la lancha con el oficial de derrota, el señor Blond, además del sargento de infantes de marina, el señor Basket, y diez de sus mejores hombres.

No sé qué demonios pudo ocurrir, pero aún era de noche cuando nos llegó el oído de fuego de mosquetes y cañones mientras observábamos a una distancia prudencial de la costa, intentando adivinar qué demonios estaba ocurriendo.
Sin atenerme a las precauciones, di orden de acercarnos al puerto, con los hombres listos y preparados en sus puestos.
Yo mismo tenía ya una pistola en la mano, la otra cargada bien sujeta en el calzón, y el sable firme en mi mano 'buena', listo para asaltar las mismas puertas del Infierno.

Y de la oscuridad, como si se tratase de una araña que surge lentamente de su cueva, apareció la proa del Heldige, encarándonos directamente.
Esta vez no me dejé llevar por la sorpresa, y ordené mostrarles la batería de estribor, listos para destrozarlos y no darles opción a escapar.
No obstante, ¡maldición!, el teniente Lawyer me avisó de que, pegado a la popa del bergantín, navegaba el cúter, con el teniente Byron haciendo equilibrios sobre el bauprés y disparando con su pistola, algo inútil dada la distancia que lo separaba del barco danés.

Éste finalmente viró para tomar rumbo Este, en una brillante maniobra (ya que lo hicieron por avante) que me confirmó que tanto su capitán como su tripulación son excelentes.
Aprovechamos para disparar una andanada que no hizo tanto daño como me hubiera gustado. Además, perdimos un tiempo precioso en recoger a nuestros hombres, ya que no nos podíamos arriesgar a dejarlos en zona enemiga sin provisiones.
Afortunadamente, el Heldige no fue en esta ocasión tan afortunado, ya que en su intento de forzar vela rompió el mastelero del trinquete, por lo que pronto lo divisamos al horizonte para comenzar con una persecución que dura ya cuatro días.

El teniente Byron me explicó que cuando intentaron el abordaje, fueron descubiertos, y el capitán del bergantín no dudó en cortar el ancla mientras rechazaban a los míos con mucho fuego de mosquetes, con el resultado de algunos heridos de diversa consideración, pero sin muertos.

Espero poder dar caza al Heldige lo antes posible, ya que el barómetro baja a cada día que pasa, el mar está muy peligroso y el viento sopla con muchísima fuerza, lo que vuelve más lenta la persecución pero nos agota a todos, desde oficiales a simples marineros.

Ahora que se me ha calentado el cuerpo gracias a las infusiones que me ha preparado Vincenzo (he bebido como un camello) volverá al alcázar.
No hay un minuto que perder.

9 comentarios:

Fernando dijo...

frías crónicas para fríos días capitán, aunque supongo que la cerveza alegraría a la tripulación. Suerte en la persecución del Heldige. A pesar de la infinidad del océano, no dudo le dará caza pronto

Daniels dijo...

Gracias profesor, con tanta energía positiva, y una tripulación excelente (todo hay que decirlo), no se puede fallar.
A su servicio.

Gadatas dijo...

Los daneses nunca me cayeron muy bien... debe ser porque todavía no los he visto fondeando el golfo pérsico. Ánimo, capitán, que a buen seguro el felino atrapará al ratón.

Jack Byron dijo...

Mi capitán, mis disparos son siempre inútiles, pero un ejército de ciervos guiados por un león, siempre será mejor que uno de leones mandados por un ciervo.

Daniels dijo...

Así espero señorita Gadatas, espero que llegue el momento de verle arriar la bandera a ese bergantín.
Teniente Byron, no pongo en duda sus palabras, ni mucho menos. Espero verle con la misma resolución a la hora del abordaje.

Pilar Alonso Márquez dijo...

Esto gana en emoción. Lástima que el Heldige se escapara en el último momento... o no.

Navegante dijo...

Quien demuestre conocer mejor esos puertos, sus aguas y los vientos seguro que se llevará el "barco al agua"

Daniels dijo...

Pilar, Navegante, intentaremos por todos los medios que el Heldige no se escape y podamos darle caza.
Sería una buena presa con su correspondiente suma, la cual vendrá muy bien en estas fiestas.

Blog de Ceuta dijo...

hola,marinero somos el velero www.blogdeceuta.com nos interesaria que tu nave(blog)pertenezca a la armada de ceuta(portal)para que asi sea debes enlazar tu velero a nuestra armada con un enlace saludos y buena marea