lunes

Cae Lisboa

En la HMS Circe, el 3 de diciembre de 1807. Frente a la costa portuguesa.

La fragata se mantiene en facha con Portugal a sotavento. Sopla un suave viento del sureste, y la tranquilidad a bordo es total bajo un cielo azul muy limpio y un mar con olas delicadas que nos mecen suavemente.

Después de que el último barco mercante abandonara el estuario del Tajo, comenzó la lenta marcha hacia las costas de Brasil, a muchísimas millas aún, aunque a mi barco, desde el buque insignia, se le ordenó mantener la posición y adentrarse en el río para comprobar si las tropas del general Junot habían entrado ya en la capital portuguesa.
A bordo del cúter, gobernado por un servidor y con mis mejores hombres a bordo, remontamos el Tajo, con buen viento del sureste, y disfrutando brevemente de sus suaves colinas verdes y el agua rizada que rozaba delicada el casco.

Y digo brevemente porque pronto nuestro ánimo fue decayendo conforme filas y filas de personas comenzaban a viajar hacia el sur, algunos de ellos pidiendo auxilio a voz en grito, y con columnas de humo negras que asomaban a pocas leguas y que anunciaban que las tropas de Napoleón ya se encontraban a buen seguro en la capital.
No fue agradable el vernos obligados a amenazar con nuestra pistolas a los pobres desdichados que intentaban subir a bordo a la fuerza para huir de la guerra, e incluso tuve que disparar al aire para acabar con la esperanza de los rostros morenos y asustados que nos observaban desde el agua con gesto de incomprensión.

A pesar de que comenzaba a ser evidente la situación, arriesgué y seguimos avanzando hasta ver emerger las murallas de Lisboa, con el fuerte de San Jorge en primera instancia controlando el río.
Apenas pude distinguir los colores de la bandera francesa ondeando cuando un potente estampido nos sobrecogió a todos a la vez que el agua nos rociaba la cara después de que se levantase una columna de espuma a pocos pies de la amura de babor.
Mis hombres demostraron su valía virando por avante e incluso ordené tomar los remos para aumentar la velocidad en algún nudo mientras las baterías del fuerte seguían resonando a popa pero con la tranquilidad de que estaba convencido de estar lejos de su alcance.

Con el catalejo pude observar los uniformes azules poblar el fuerte, e incluso un numeroso grupo de jinetes galopó a nuestra altura lanzando algunos disparos que por supuesto no llegaban hasta nosotros, aunque varios de mis hombres respondieron al fuego sin que se causaran bajas ni de un lado ni del otro.
De este modo, fuimos dejándolos atrás hasta que regresaron a la ciudad.

De nuevo en la fragata, he considerado oportuno mantener la posición antes de poner rumbo oeste en busca de la escuadra de sir Sidney, que al ritmo que va estoy seguro que no nos costará alcanzarla a pesar de que el paño se mueve vago en la jarcia.
Sin embargo, el barómetro empieza a bajar, y la Circe no tendrá problemas en alcanzarla al andar muy bien de ceñida.


Ahora tengo que dejar de escribir, mi primer teniente acaba de enviarme un guardamarina para informar que algunas velas asoman por el sur.
Será mejor que vaya a comprobar en persona su procedencia, ya que mis informes no señalan la presencia de una flota aliada por estas aguas que no sea la nuestra, la cual debe de encontrarse a bastantes millas de aquí.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Victoriaaaaa! ¡Saquemos el ron!

John James

Capitán Daniels dijo...

¿Victoria? ¿Dónde?

¿Es acaso usted un afrancesado señor?

No me obligue a sacar el sable.

Aunque sin considera que la victoria se debe a que Portugal esté de nuestra parte, perfecto.

Si por otro lado, lo que usted quiere es cualquier excusa para sacar el ron, en tal caso saquémoslo.

Jack Byron dijo...

Genial, y ahora a esperar la continuación de esa aparición fantasmal de una flota. Ya es el colmo, incluso ya sabe sacar la punta máxima a los hechos para darles emociones, me quito el sombrero señor, chapeau! Espero que no me tachen de afrancesado.

Jack Byron

Capitán Daniels dijo...

Gracias señor Byron.

Es un placer contar con oficiales de su talla a bordo.

Con su permiso.

John James dijo...

Me refería al tema de Portugal, pero me ha pillado usted con lo último. Un saludo, Capitán.

Capitán Daniels dijo...

Un saludo, espero brindar con usted en breve señor.

Oteo el horizonte en espera de ver el tope de su barco.

Un abrazo