viernes

¿Despedida?

En la HMS Circe, el 21 de diciembre de 2007. En la mar.

La vida es como la mar. Nunca me cansaré de repetirlo.
Un día te encuentras con que el viento es favorable, tu barco navega a una velocidad plenamente satisfactoria y ni un solo cabo o trozo de paño en la jarcia corre el riesgo de saltar por los aires.
Sin embargo a veces, en cuestión de segundos, una inesperada racha, arrecife mal marcado en las cartas o un trozo de hielo que el vigía no había visto hasta que ya es demasiado tarde convierten la mejor singladura en un auténtico infierno sobre la cubierta.

Algo parecido me ha ocurrido a mí.
Antes de ayer me alegraba por haber disfrutado de una cena junto a mis amigos, con buena conversación y vino, y hoy, pocas horas después y con la escuadra de Hood rumbo a Funchal, me encuentro lleno de pesar, con pocas ganas de tomar el aire en cubierta y optando por encerrarme en la cabina para rumiar mis penas.

Ayer, con señal en el Centaur de levar anclas, desde el alcázar el señor Byron me avisó de que se acercaba un pequeño bote por la aleta con sus tripulantes remando a una velocidad admirable y con un joven haciendo equilibrios para mantenerse en pie con acierto mientras hacía gestos con los brazos para advertir de que portaba un mensaje.
Por supuesto no detuvimos las maniobras, aunque sí di permiso para que se abordara con la fragata. El propio joven trepó cual araña por la escala, entregó la carta y se marchó a una velocidad que se ganó la aprobatoria mirada de todos los que nos encontrábamos en ese momento en el alcázar.

Hasta que no dejamos muy atrás la isla de Wight, no me senté en mi escritorio para leer la carta, arrugada, que guardé en mi bolsillo, y después de la cuarta o quinta vez que mis ojos repasaron cada línea de la breve misiva fui capaz de asumir su significado.

Escribiré literalmente la carta aquí.

A la atención del capitán Vincent Daniels.Señor, siento comunicarle que a partir de que haya leído esta carta no quiero tener más contactos con usted. Las razones son muchas, pero no es este el medio ni la situación donde deba darlas, y tras valorarlo detenidamente, he llegado a la conclusión de que no creo que sea posible que nuestros respectivos destinos puedan ir de la mano, al menos de momento.
Sin más se despide
Lively Caster. En Plymouth.

2 comentarios:

John James dijo...

Estoy seguro de que no se trata de otra cosa distinta a una equivocación. Un saludo cordial, Capitán.

Capitán Daniels dijo...

Seguro que es así señor James. No cabe duda de que se trata de un malentendido.