sábado

La escuadra de Seniavin

En la HMS Circe. El 7 de diciembre de 1807. Cerca de el cabo Finisterre.

En estos momentos la fragata navega con viento por la aleta, con prácticamente toda la vela en los palos y a una velocidad considerable.
Ayer abandonamos la escuadra de sir Sidney, frente a Portugal, con los navíos rusos a buen recaudo y con la orden de dirigirnos a Portsmouth para comunicar nuestra captura a los mandos del puerto.

Pero no quiero adelantar acontecimientos.
El pasado lunes, poco después de salir del Tajo y buscando la estela de nuestra escuadra y la portuguesa, avistamos una vela en el horizonte y nos acercamos para comprobar de qué flota se trataba.
Nuestra sorpresa fue mayúscula al comprobar en el tope de uno de los navíos el pabellón ruso, y al no estar muy clara la situación política entre ambas naciones (sobre el papel estamos en guerra), estrechamos distancias para comprobar su reacción.

Con tu torpeza habitual los rusos comenzaron a trepar por los obenques y a desplegar lona para ir en nuestra caza, y desde la proa de una de las embarcaciones (contamos diez) un disparo muy mal dirigido de aviso confirmó todas mis sospechas, por lo que haciendo oídos sordos viramos en redondo para advertir a nuestra escuadra.

Uno de las embarcaciones, de un porte similar a la Circe, trató de alcanzarnos, pero nuestro barco, dada su posición y con el viento soplando del suroeste en ese momento, no tenía rival, por lo que pronto desaparecieron sus juanetes más allá del horizonte.
A una velocidad superior a los doce nudos, nos adentramos en el atlántico, y en menos de un día vimos la silueta del Conqueror, que cerraba la larga y lenta formación británico-lusitana.
Tras remontar la larga hilera de barcos, con algunos de ellos saludándonos alegremente al creer que llevábamos correo con la posterior decepción al comunicarles que nos dirigíamos directamente a la posición que ocupaba el buque insignia Hibernia, nos limitamos a informar de alcázar a alcázar (no había un minuto que perder) la situación de los rusos.

Con el barómetro bajando a toda prisa, la eficacia de nuestra armada quedó manifiesta dada la velocidad con que Sir Sidney distribuyó la orden de despachar el Marlborough, el London y el Bedford en labores de escolta de la familia real portuguesa hasta Brasil, y mandar al resto de la flota virar para volver al Tajo con la Circe comandando la línea.

Habría dado media paga por ver la cara de los rusos al asomar nuestras vergas, ya que según el tratado de Tilsit ambas naciones nos encontramos aún en guerra, y para nuestra decepción, con redoble de zafarrancho a bordo y todos nuestros hombres listos para el combate, nuestros enemigos se limitaron a arriar la bandera sin disparar un solo cañón.
Una vez rendidos, se nos ordenó volver a Inglaterra para informar de la situación y esperar nuevas órdenes.

Con la satisfacción del deber cumplido, al menos me alegra saber que podré aprovechar nuestra arribada a Spithead para tomar una silla de posta a Londres, donde podré encontrarme con mi querida Lively y así disfrutar de algunos días de asueto antes de volver a la mar (dios mediante).
Estoy seguro que para ella será la mayor de las sorpresas al creerme a muchas millas náuticas de distancia.

4 comentarios:

John James dijo...

No, si ya anunciaba yo la victoria... Un cordial saludo, capitán.

Javier dijo...

hmmpf! Qué pena que se rindieran tan fácilmente

Eris dijo...

Querido Capitán

A veces una retirada a tiempo es una victoria... puede que los rusos lo supieran.

Mis más sinceros saludos

Eris, Duquesa de Demands

Capitán Daniels dijo...

Después de mis días de esparcimiento en Londres es un placer echar un vistazo a mi correspondiencia y encontrar cartas de tan excelentes amigos.

Un saludo a todos.