jueves

A dieta

En Gibraltar, el 17 de enero de 1808. A bordo de la HMS Circe.

Jamás pensé que iba a echar de menos algo tan superficial como la comida.
Desde que he decidido dejar al margen los excesos, los días se convierten en meses, y llegar por la noche a mi coy sin haber profanado este régimen se convierte en una victoria a la altura del asalto al alcázar de un tres puentes.
Vincenzo me sirve las verduras con mayor pesadumbre que la que yo pudiera tener, y no puedo soportar sus ojos compasivos cuando me observa mientras miro el plato de cada día con claro disgusto reflejado en mi rostro.
Como es normal, tengo un humor de perros (más del que suele ser habitual), y en alguna ocasión se ha oído tronar mi voz en cubierta por encima del golpe de los lampazos y con Vicenzo huyendo a la carrera.

Lo único que tengo pendiente es realizar mis tres mil pasos diarios, ya que todavía no he tenido tiempo dado lo mucho que hay que hacer a bordo de la fragata, sobre todo después de que la escuadra de Hood haya abandonado Gibraltar rumbo a Inglaterra, mientras que a la Circe se le ha ordenado permanecer en aguas del Estrecho a la espera de reforzar el bloqueo a Tolón.
¡Otro bloqueo más no, por favor! Los odio con todas mis fuerzas, ya que mi tripulación, veterana, apenas tiene problemas para realizar las maniobras, y las habitualmente emocionantes viradas por avante se convierten en un mero trámite que no merece mi atención: Timón de arribada, orza, soltar escotas, acuartela foque... Lo de siempre

Al menos aprovecharé tantos días de tranquilidad para poner en orden algunos asuntos, ya que tengo cartas que escribir y no se me ocurre un mejor momento.

4 comentarios:

adycto dijo...

Más de una vez los que "me quieren" o "velan por mi salud" han decidido que la dieta era algo necesario en mi vida. No niego que fuese necesario reducir mi peso en aras a mejorar en mi salud o porte pero, también hay que decirlo,nada hay más cruel que privar a un hombre de uno de los mayores placeres de los que se pueden gozar: una buena comida o, como dicen en mi tierra, "comellada". La angustia que un buen comedor siente al hacer dieta (me gusta mucho más esa palabra que régimen, que ya estuvimos 40 años aquí con eso) es comparable a pocas cosas.

Capitán Daniels dijo...

En efecto, es mejor el término 'a dieta' señor.
Y sí, no nay nada como una buena comida para acercarte durante unos momentos a la felicidad.
Pero señor Adycto, un servidor empezaba a encontrarse mal, y subir y bajar la escalerilla del alcázar se convertía en una tortura.

Un afectuoso saludo y encantado de saludarle de nuevo.

Eris dijo...

Desde aquí mi más sincero ánimo y admiración, pues una servidora lo intenta desde hace unas semanas y es incapaz de llevarla a cabo. Espero que mañana mi determinación esté más firme.

Un gran saludo

Eris

Duquesa de Demands

Capitán Daniels dijo...

Querida señorita Eris, a día de hoy aún sigo con mi fracaso diario y mi tripa que aumenta y aumenta.

Falta de voluntad supongo, quizás demasiada.

Un cariñoso beso.