miércoles

Resaca

Frente a Funchal, el 2 de enero de 1808. A bordo de la HMS Circe.

Comienza un nuevo año, lejos de casa, y con la ya habitual costa de Funchal a la vista, con su atareado puerto en un constante trajín y los barcos de la escuadra de Hood fondeados y a la espera de nuevas órdenes.
Ayer gran parte de los comandantes de la escuadra nos reunimos en la cabina del Centaur para dar la bienvenida a 1808, donde el contraalmirante demostró que su despensa es la mejor servida de toda la flota y no escatimó en gastos.

Entre todos los presentes (dado el alto número de oficiales nos reunimos en la cubierta del buque insignia) se encontraba el teniente James, con el que apenas pude intercambiar palabra al estar en constante conversación con sus más afines, por lo que nuestro encuentro apenas duró unos minutos, antes de que su atención se volcara en el capitán de la Africaine, Peter Crowe.
Por tanto pasé gran parte de la fiesta bebiendo solo, apoyado en la batayola de sotavento y contemplando las embarcaciones que surcaban las aguas del puerto.

El beber en solitario tienen como principal inconveniente que dedicas todo tu tiempo a ello, sin charlas, ya sean interesantes o aburridas, que al menos detengan el camino del vaso hacia la boca, por lo que, para cuando me di cuenta, apenas podía distinguir todo lo que me rodeaba, y me tuve que retirar balbuceando disculpas y rezando para no hacer el ridículo en mi descenso hacia la falúa.

Éste se produjo de una forma correcta, y mis hombres se mostraron muy cuidadosos a la hora de intercambiar miradas. Me devolvieron a la Circe en completo silencio, bogando en perfecto orden. El teniente Byron, que me acompañó al Centaur, dirigió acertadamente la embarcación hacia el costado de babor de la fragata, por lo que mi llegada a la cabina (ni en el cabo de Hornos la había visto moverse tanto) se llevó a cabo con toda la discreción posible en un buque de sólo 28 cañones.

Tales excesos los he pagado muy caros, y esta mañana me he levantado con un dolor de cabeza horroroso que me ha tenido confinado sin que tenga el menor interés de subir a cubierta.
He delegado el mando en Byron, ya que no creo que cambie la rutina diaria, por lo que me dedicaré a descansar y a tomar la infusión que me acaba de servir mi despensero Vicenzo para paliar en la medida de lo posible el martilleo en mi cabeza.

Espero que zarpemos lo antes posible.
El tener tan cerca tal cantidad de vino de Madeira no puede ser bueno.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Me ha encantado lo de "El beber en solitario tienen como principal inconveniente que dedicas todo tu tiempo a ello, sin charlas, ya sean interesantes o aburridas, que al menos detengan el camino del vaso hacia la boca". La verdad es que, para muchos de nosotros, la presencia de otras personas no modera nuestra forma de beber.
Un adycto como el que escribe le podría dar buena constancia de ello.
El trabajo me impide visitar el foro del sollado de la surprise pero, aunque habitualmente no deje comentarios (la timidez me puede) suelo consultar con frecuencia este blog, uno de los mejores que he leído en los últimos tiempos.
Se perfectamente que mantener un blog es una tarea árdua y poco reconocida por lo cual espero que este comentario le de ánimos para seguir en ello. Un fuerte abrazo

Capitán Daniels dijo...

Muchas gracias señor, que no le quepa duda que me anima, y mucho.

Aunque en un principio me gustaría saber su nombre, respeto su timidez, y el saber que está ahí para leer estas páginas ya supone una completa satisfacción para mí.

Mis respetos y un afectuoso saludo, señor.

Adycto dijo...

Puede referirse hacia mi persona como adycto, ya que esa es una de las tristes condiciones de mi alma. En cuanto a lo de la timidezz espero poder ir solventándolo con calma mientras disfruto de la lectura de este magnífico blog.

Capitán Daniels dijo...

De acuerdo señor Adycto, un placer tenerle a bordo.

Un saludo