viernes

Enfrentamiento

En Funchal, el 4 de enero de 1808. En la cabina de la HMS Circe

Hoy ha sido un mal día. Un día horrible, a la par que extraño. Como si se tratara de un sueño, o más bien de una pesadilla.

Esta mañana paseaba por el puerto de Funchal en compañía del teniente James. El día estaba precioso, con el cielo muy azul, sin nubes, el sol tostándonos las caras, el suave olor a sal que nos llegaba desde el atlántico y aún con sabor dulzón en nuestro paladar tras haber probado la mercancía en forma de botellas de Madeira que cargábamos hasta nuestros respectivos buques.

En ese momento, cierta algarabía entre muchos de nuestros hombres que por allí paseaban y el estampido de la batería del castillo de San Jorge nos hizo levantar la vista para observar al bergantín Arrow asomar el bauprés mientras doblaba en cabo Girao.
Pocos de los allí presentes pudimos ocultar nuestra alegría, ya que la pequeña embarcación, como ha ocurrido desde que nos encontramos en esta isla, traía consigo la saca de correo, y todos esperamos noticias, algunos más ansiosos que otros, desde Inglaterra.

Ofrecí gustosamente mi falúa a James para que viajara parte del trayecto conmigo, ya que el Centaur se encuentra a menos de un cable de distancia de la Circe, a lo que mi amigo John aceptó gustosamente inclinando la cabeza.
Y fue ahí cuando ocurrió todo.
Observando ambos la entrada del Arrow, con algún comentario aislado sobre si era conveniente o no tener tanto paño en la jarcia en un momento tan delicado, y tras un breve silencio, pregunté a John si esperaba carta de su esposa Alice.
Aunque James es de los que gusta gritar a los cuatro vientos que como amigo, de quien sea, es difícil de superar, a la hora de hablar de lo suyo, de su intimidad, se muestra hosco y cerrado, por lo que apenas habían salido las palabras de mi boca ya me había arrepentido.
Sin apartar la mirada del bergantín, John se limitó a asentir con la cabeza, y al encontrarme en una incómoda posición, le expliqué que mi único interés era saber si Alice se acordaría de enviarme un saludo, ya que no recordaba que lo hubiera hecho en las últimas misivas que habíamos recibido.

Y James enloqueció.
Me miró con ojos de odio, se levantó bruscamente (la falúa se desequilibró peligrosamente y casi caemos todos al agua) y empezó a gritarme, con la vena que parecía que iba a saltar del cuello, y el puño cerrado en mi dirección, en un claro gesto de amenaza.
Tras la sorpresa inicial, y con la cara de mis hombres, con ojos como platos, mirando de hito en hito al teniente, una furia descontrolada surgió de mi pecho, le respondí igual o peor, y mientras ordenaba, a gritos, a los marineros que condujeran la falúa hacia el Centaur, le dije a John que ya recibiría noticias de mi padrino.

Ahora, mientras escribo estas líneas, siento dolor, mucho dolor. John, rarezas propias de su carácter al margen, siempre ha sido un buen amigo, y saber que me tengo que batir con él me produce un gran desconsuelo que es proporcional al número de botellas, ya vacías, que ocupan la mesa de mi escritorio.
Pero no hay vuelta atrás. Por muy amigo mío que sea, o haya sido, me ha dicho cosas horribles que soy incapaz de perdonarle a nadie, por lo que ya he enviado al teniente Byron, que muy amablemente se ha ofrecido como padrino, para que acuerde la hora y el lugar con la máxima discreción posible, aunque a estas horas no me cabe la menor duda de que toda la escuadra tiene noticias de este desagradable suceso.

Quizás éstas sean la últimas palabras que escribo, ya que cuando dos hombres son heridos en su orgullo, y máxime si forman parte de la Armada de Su Majestad, las razones pasan a un segundo plano y mandan los sentimientos.
James es un buen espadachín, y estoy seguro de que no se contentará con un rasguño. Yo, además, tampoco soy capaz de paliar el odio que siento en mi interior. Las ofensas han sido demasiado grandes, y se convierte en gigantes si llegan desde la boca de alguien al que sentías como amigo.

Sinceramente, espero que sea Alice la que no reciba más cartas de mano de James.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

¿Desde cuando hace algo discreto el señor Byron? Hacerlo padrino ha sido lo mismo que largar al viento la señal "A toda la Flota: Duelo".

Jack Byron

John James dijo...

Sin duda debe ser todo bastante alegórico, digo desde aquí para tranquilizar a su tripulación y a la mía, Capitán, pues yo mismo puedo corroborar que aún no he sido encerrado en ningún manicomio por enloquecido, que debe usted haberme metido en un mal sueño del que espero despertemos, porque no recuerdo ni la mitad de lo que relata, y de que, por supuestísimo, nadie en mi nombre va a retarle en duelo, ya que en modo alguno hay motivo. Es mucho más útil usar las espadas contra los enemigos de nuestra patria.
Saludos y sosiego para todos.

Capitán Daniels dijo...

Estimado señor Byron, no sé si será usted discreto o no, pero le aseguro que no encontraría mejor persona para cubrir mis espaldas en el caso de abordar una cubierta enemiga.

Capitán Daniels dijo...

Señor James, usted me ha ofendido. Nos veremos al alba.

John James dijo...

Prometo no volverle a molestar, de veras, pero no es usted el unico con motivos, y sin embargo no pienso verle en el alba en ningun sitio, pq yo no tengo ninguna gana de guerrear. Será que vivo en otra época y ya los duelos no se estilan. Buen rollo, hombre, que si algún conocido me lee en su fábula puede pensar lo que no es ;)
Saludos y de verdad que no se manejar la espada ni me interesa.

Capitán Daniels dijo...

Cada uno crea la fábula que crea conveniente, máxime si quiere alejarse, en la medida de lo posible, de la cruda realidad.
Y no se preocupe por lo que puedan pensar de usted, que ya sabe que a palabras necias oídos sordos.
Pero yo no prentendo que nadie pueda quedar bien o mal, sólo describo mis sentimientos, y créame cuando le digo que me ha ofendido mucho.
Como ya he dicho, si llega a ser una ofensa de un cualquiera me resultaría indiferente, pero como no es el caso, me duele, y mucho.
Si no le gusta estas líneas, le recomiendo que no las lea, pero es mi fábula, es mi historia, y por supuesto, que quede claro, es mi versión, para nada la verdad absoluta.

Un saludo.

John James dijo...

Pos quiero copyright!!!! :D