lunes

Incursión en Tolón

Frente a Tolón, el 21 de enero de 1808. A bordo de la HMS Circe.

El cielo está gris y la hilera de navíos de línea se encuentra en plena ejecución de la maniobra de virada, con algunos más acertados que otros.
Los 74 Kent e Eagle han pasado rozando, y aunque los oficiales han intentado poner orden a bordo, se ha oído perfectamente a las marinerías repartiéndose a voces todo tipo de vejaciones.
Desde el alcázar hemos estado observando el espectáculo sin disimular nuestro disgusto y, por qué no, con algo de ostentación dado el patente contraste con el vuelo de nuestra fragata gracias a la perfecta ejecución de las órdenes.

He dedicado la mañana a supervisar la labor con los daños en el casco, que han sido preocupantes, pero Astillas y los suyos han hecho un buen trabajo, y no creo que sea necesario que nos dirijamos a Mahón para realizar las reparaciones necesarias.
Ayer por la noche, aprovechando la luna nueva, nos acercamos a la costa, ya que, según hemos podido saber, los franceses tienen listos dos potentes navíos, y uno de 120 cañones, cuya entrada en la flota de Boney podría suponer un auténtico problema en el Mediterráneo.
Es por ello que nos encomendaron la misión de adentrarnos lo máximo posible aprovechando que el viento soplaba del noroeste (para una probable huida) y comprobar por mí mismo el estado de la fuerza de los franceses.

La fragata se deslizó suave por las oscuras aguas, con orden de guardar el más absoluto silencio a bordo, y ninguna luz encendida.
Una vez que pasamos el cabo Cepét, con la batería de Sablette asomando sus cañones de más de 40 libras, echamos al mar el cúter, con el teniente Byron a bordo, para bordear la península de Caire y comprobar en persona el estado de la flota que se escondía en Tolón.
Después de que se perdiera en la oscuridad, y tras unos instantes de tensión donde el leve ruido de los remos parecía ser un auténtico escándalo en la bahía, nos mantuvimos a la espera con mal disimulada tranquilidad.

No sé cuánto tiempo me mantuve tieso como una cabilla en el alcázar, con los brazos en la espalda y musitando las órdenes mientras nos manteníamos en facha, pero con los marineros en las vergas listos y preparados para largar trapo en cuanto asomara la proa del cúter.

Y asomó. Pero precedido de destellos y estampidos desde la península del Caire que se extendieron hasta Cepét.
Menuda sorpresa se llevarían cuando se encontraron con una fragata de Su Majestad en medio de la bahía, al alcance de sus cañones, los cuales pagaron nuestra osadía con una buena descarga.
Con la jarcia cubriéndose de paño y el cúter navegando hacia nosotros con sus velas extendidas, devolvimos como protesta el fuego con nuestras baterías (inútiles) y comenzamos a abandonar la bahía mientras Byron gobernaba su embarcación siguiendo nuestra estela.
Afortunadamente los comerranas centraron su artillería en la fragata, por lo que el cúter llegó a alta mar intacto.
Nosotros no corrimos tanta suerte, y al margen de algunos boquetes en las velas, recibimos dos buenos cañonazos en el casco que, de haber sido algunas pulgadas más abajo, habría supuesto serios, muy serios problemas.
Lo único bueno es que no murió nadie, aunque tres hombres resultaron heridos.

Byron, una vez en cubierta, me explicó el estado de la flota en el puerto, así como la presencia confirmada del recién estrenado 120 cañones, concretamente el Commerce-de-Paris y el 80 Robuste, una información que, sin lugar a dudas, compensa nuestros sufrimientos.
En mi informe, que escribiré en cuanto termine con esto, alabaré el valor y, sobre todo, la buena vista de mi primer teniente para divisar en los ventanales de los navíos sus respectivos nombres.
Con descaro y sonriente, Byron me dijo que, pese a la oscuridad, logró leerlos gracias al destello de los cañones de las baterías.

4 comentarios:

adycto dijo...

Eso si que es un teniente....Con una oficialidad como esa es mucho más sencillo entrar en combate.

Capitán Daniels dijo...

Es un gran teniente, señor, que no le quepa la menor duda, y es una satisfacción y tranquilidad tenerlo a bordo.

Anónimo dijo...

Excelente Capitán.

Me tiene usted enganchado a su diario.

José María Castro (blog1808)

Capitán Daniels dijo...

Es un placer tenerlo a bordo señor Castro. Un verdadero placer.

Espero que usted siga 'enganchado' durante mucho tiempo.

Un afectuoso saludo.